Un día crudísimo de invierno en el que el viento silbaba
constantemente, unos puercoespines se apiñaban en su madriguera lo mas
estrechamente que podían. Pero resulta que al estrecharse se clavaban
mutuamente sus púas. Entonces se separaban, pero el frio penetrante los
obligaba a que se estucharan de nuevo, pero al pincharse con sus púas, se
separaban de nuevo, y así una y otra vez, hasta que los puercoespines hallaron
un punto en el que podían soportar el frio del invierno sin pincharse con sus
púas. A esta distancia justa la llamaron buenos modales.
Cuento del filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1778-1860).
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